En ciertos casos, el médico puede sugerir de forma complementaria el uso de corticoides nasales para reducir la inflamación, lavados con solución salina o suplementos con antioxidantes. Sin embargo, su eficacia también es variable. Además, puede ser necesario el acompañamiento nutricional y psicológico, para mitigar su impacto en la alimentación y en el estado de ánimo.
Una secuela más común de lo que parece
Perder el olfato tras sufrir COVID-19 es una secuela común, pero no por ello insignificante. Aunque a menudo se subestima, hoy la ciencia reconoce que puede comprometer de forma importante la salud física, emocional y social de quienes la padecen.
Si bien persisten incógnitas sobre su causa exacta, el estudio de cómo el virus afecta las células olfativas ha permitido comprender mejor los mecanismos involucrados, y de este modo abrir la puerta a nuevas líneas de investigación. Se espera que, a futuro, esto sirva como punto de partida para ampliar las opciones de tratamiento, que por ahora son limitadas