Tengo 73 años y vivo sola desde hace ocho. No fue una decisión planeada ni soñada. Simplemente ocurrió. Al principio tuve miedo. Pensé que la soledad iba a pesarme como una piedra en el pecho. Hoy puedo decir algo que antes jamás habría imaginado: vivir sola puede ser una experiencia plena, tranquila y profundamente humana.
No fue inmediato. Cometí errores. Muchos. Y casi me pierdo en el proceso. Pero con el tiempo entendí que vivir solo no es lo mismo que vivir aislado, y que la diferencia entre una vida serena y una vida triste está en pequeñas decisiones diarias.
Estas son las cuatro cosas que nunca debes hacer si vives solo… y las cuatro que siempre debes hacer.