El pañuelo de cama actúa como una capa sacrificial, protegiendo el cubrecama o el edredón de suciedad, grasa, manchas y desgaste. Al ser fácilmente removible y lavable, mantiene la ropa de cama principal más limpia por más tiempo, reduciendo costos de lavandería y prolongando la vida útil de sábanas y edredones caros.
Curiosidad: en muchos hoteles, el edredón o cubrecama de abajo no se lava entre un huésped y otro, pero el pañuelo de cama sí.
2. Una tradición con raíces europeas
Esta práctica se popularizó a mediados del siglo XX en Estados Unidos, inspirándose en posadas y hoteles de lujo europeos, donde la formalidad y la presentación eran primordiales. El paño añadía un toque final, señalando que la habitación estaba “vestida” y lista para los huéspedes, como un lazo en un regalo.
También ayudaba a ocultar el pliegue del cubrecama que se colocaba al pie de la cama, un estilo común en aquella época.