Me llamo Guadalupe, tengo 54 años y llevo más de 15 años trabajando en construcción. Hoy no estoy levantando la casa de otro, hoy estoy avanzando la mía, con estas manos que nunca se rindieron.
Cuando mi esposo me dejó, me quedé sola con tres bebés y sin nada. Nadie me ayudó. Nadie preguntó. Nadie volvió. Intenté vender gelatinas, comida en la calle, trabajé día y noche, pero el dinero nunca alcanzaba.
Había días en los que no sabía qué darles de comer.
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