Una llamada tras otra.
No contesté.
Hasta que llegó un mensaje:
—¿Dónde estás?
Los niños te extrañan.
La casa es un desastre.
Leí el mensaje varias veces…
y sonreí.
No preguntaron si estaba bien.
No preguntaron si me pasaba algo.
Solo… la casa.
Los niños.
El desorden.
No me extrañaban a mí.
Extrañaban lo que hacía por ellos.
Mi respuesta
Después de un rato… decidí responder:
“Estoy bien.
Por primera vez en muchos años… estoy bien.
No soy su sirvienta.
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