Abrí.
Había otro nombre en la parte superior.
No era el mío.
Era el de una mujer que no conocía.
Y junto a ese nombre… el mismo apartamento donde vivíamos nosotros.
Mismo edificio.
Otro departamento.
Otro plan.
Sentí que el aire me faltaba.
No era una discusión sobre dinero.
Era una salida programada.
Para mí.
Esa noche, cuando se sentó frente a mí en la cama, habló con una calma que me heló la piel.
—Necesito una pareja, no una carga.
Lo miré fijamente.
—¿Desde cuándo soy una carga?
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