Hay un momento en la vida en que la casa se vuelve demasiado silenciosa.
Los hijos tienen sus vidas, los amigos ya no llaman como antes y las tardes duran más.
Entonces aparece alguien.
Y no enamora por lo que es… sino por el vacío que llena.
Muchas parejas en la vejez no se unen por afinidad, sino por coincidencia de ausencia.
No hablan de sueños, hablan de recuerdos.
No planean el futuro, intentan no sentirse solos hoy.
La soledad no busca compatibilidad.
Busca compañía.
Por eso algunas relaciones empiezan intensas y se vuelven pesadas muy rápido.
No se eligieron realmente… se necesitaron.
El peligro no es amar.
El peligro es confundir alivio con amor.
El amor da tranquilidad incluso cuando la persona no está.
La soledad necesita presencia constante.
Si al estar solo sientes angustia, no es que ames demasiado…
es que te acostumbraste a no estar contigo mismo.
Antes de entregarle tu vida a alguien, asegúrate de que no solo estás intentando escapar del silencio.